Cuando empezamos a hablar con clientes y transportistas en Zaragoza descubrimos lo mismo en cada conversación: contratar una furgoneta o una mudanza sigue siendo un proceso a base de llamadas, presupuestos sin detalle y disponibilidades que no encajan. Lo que en otros sectores hace tiempo que se hace desde el móvil, aquí seguía pidiendo una agenda y un bolígrafo.
Decidimos arrancar el piloto de Rodalio en una sola ciudad para entender bien el problema antes de extenderlo. Zaragoza tiene tamaño suficiente para tener tráfico real y, a la vez, lo bastante manejable para iterar rápido con quienes están detrás del volante.
Empezar por el flujo, no por la oferta
En lugar de salir con un catálogo enorme de servicios, definimos primero qué quería ver un cliente al pedir un porte: precio cerrado antes de aceptar, transportista verificado y seguimiento del traslado en directo. Y, del otro lado, qué necesitaba el transportista para aceptar con un toque y trabajar tranquilo.
Ese ejercicio cambió bastante el producto. Sacamos cosas que parecían imprescindibles (chats abiertos sin contexto, cotizaciones libres) y reforzamos otras que el feedback marcaba como críticas: pago asegurado antes de empezar, calendario claro y soporte humano cuando algo se tuerce.
Una ciudad, muchas señales
Operar en una sola ciudad nos permite cerrar el círculo de feedback en horas, no en semanas. Cuando un cliente nos cuenta que un horario de recogida no es claro, ese mismo día lo reflejamos en la app y lo probamos con la siguiente reserva. Lo mismo cuando un transportista nos dice que un tipo de carga no encaja con su vehículo: lo ajustamos y recibimos su confirmación al día siguiente.
Con cada iteración la app se parece menos a un escaparate y más a una herramienta de trabajo: la que un transportista quiere abrir cada mañana y la que un cliente recomienda al primero que le pregunta dónde encontrar un transportista de confianza.
Lo que viene
Mientras seguimos puliendo la experiencia en Zaragoza, ya estamos hablando con transportistas en otras ciudades del corredor del Ebro. Cuando demos el salto, lo haremos con la misma idea: aterrizar primero, escuchar mucho y ampliar despacio. No es la forma más vistosa de crecer, pero es la única manera que nos garantiza que el producto siga funcionando igual de bien cuando hay diez veces más viajes en marcha.


